INTERIORES

EL SER Y LAS COSAS


Flor nocturna

mariposa

que como sublimación de Dionisos

revoloteas  y enciendes

todas las luces


exultando almas

en jardines superpuestos


encandilando ascetas

con tus juegos de espejismo


iluminando la belleza

de las cosas cotidianas.




   La búsqueda del germen de la belleza existente en todas las cosas creadas por el ser humano, que nos acompañan y deslumbran cada día, es la pasión de Heike Ratfisch.


   La artista -quien en los ochenta desafió  a los ascetas de la alta cultura y a la dialéctica retórica- muestra la belleza de las cosas a través del detalle en el que se posa el ojo en un momento de reflexión, de meditación, de hallazgo o sorpresa. Para ello captura al objeto en espacios habituales que, como bien sabemos, han sido previamente imaginados. Lo descubre no solo en forma y superficie, sino en una esencia que luego resalta con extrema sensualidad. Ese objeto, que a veces no es más que un detalle de aquél que nos imaginamos, se transforma a veces, paradójicamente, en una imagen que por sí misma contiene –o devora- al espacio.


   Según los empíricos, el espíritu y las cosas disfrutan de una armonía preestablecida, y para los kantianos las cosas se adaptan al espíritu. En cambio, Bergson sostiene que la inteligencia y la materia se han ido adaptando la una a la otra de una manera progresiva para detenerse en una forma común; de modo que se puede decir que el ser hace a las cosas, en cuanto que las representa y las modifica a su manera, y que las cosas hacen al ser, en cuanto ellas lo plasman a su imagen y semejanza.


   En la pintura  de Heike Ratfisch, la nitidez de la imagen  hace que todo se vea de manera real, auténtica, sensual. Ya sean estos terciopelo, follaje, cristal u ornamento, todos los objetos representados aparecen como el vestido visible de un mundo interior que logra expresarse a través de ellos con impetuoso desenfado. Sensaciones avivadas por vivencias internas nos regalan una flor como algo más que un adorno; y el gesto pictórico de un pliego en el textil o de un trozo de cristal nos pasea por erógenos laberintos.

El uso del detalle como tema transforma al cuadro en una ventana hacia el infinito de nuestra imaginación. Y la imagen visible es la invitación a atravesarla: el buscado germen de belleza en el objeto.


    En la búsqueda nace una música de la paleta, en la que los colores se combinan con audacia desvelando la vital poesía en el objeto representado. Con gran audacia, el color acentúa la forma y la “trans-forma” en una presencia impactante en un no-espacio devorado por la imagen misma, como también a veces en un espacio sin límites. 


      La búsqueda se plasma finalmente en la tela, en la cual la imagen de las cosas recreadas en el interior de la artista obsequia  la sensualidad de una poesía exultante.   


                                                                           Marta Binetti