GRANDE MIXI


    Los dibujos pintados al pastel al óleo de Heike Ratfisch unen abundancia y lujo al eros y al ansia sexual. Al ver las pinturas, se presentan sentimientos casi contrarios como ironía y tragedia, placer y asco, risa y miedo. La coexistencia y el entrelazamiento de la abundancia creativa, los colores fuertes junto a fondos mayormente oscuros solamente insinuados y casi no visibles evocan niveles enigmáticos dentro de lo puro visible.

La artista experimenta con los elementos del bodegón y combina cuerpos humanos, órganos y lo sexual de modo casi arcimboldesco con motivos florales y vegetales y objetos libremente asociados como joyas, cristal o tejido. Pero también otros símbolos tradicionales de la vanidad como lo muerto, cráneos humanos o de animales remiten al repertorio de la pintura del manierismo o del barocco que ahora variaran en un contexto contemporáneo y a la vez personal. Así en la pintura “the heart” una mano acaricia un corazón humano suspendido en el centro del dibujo mientras que a la izquierda de éste y detrás de una vagina excitada, una azucena blanca reluce. Mediante un arreglo entre una granada, un tulipán, una mano, unas ciruelas y unos tejidos se crea una atmósfera cargada y directamente viciada de opio de un serrallo.

Los colores intensos, la suspensión de la perspectiva y de proporciones confieren a los objetos una presencia inmediata. Al mismo tiempo la artista escenifica -guardando mayores referencias al objeto- un juego sutil de irritaciones. De esa manera aparecen calaveras en oro resplandeciente, el follaje anguloso de una planta recibe una estructura cristalina mediante sombreados de grisverdoso claro y podría también formar parte de una esculptura vidriosa extraña.

La codificación en la estética del siglo 16 y 17 en la cual se ideó un sistema de signos de ambivalencias, dónde aparecía la ambigüedad de la naturaleza humana, la tensión entre el deseo y la aversión recibe ahora en la pintura de Ratfisch una ampliación en la fenomenología de los objetos. Ellos mismos no son ya un elemento descriptivo, de un simbolismo definido, sino que cambian en un juego entre los colores y la luz, entre los momentos de significación diferentes, a veces en parte contradictorios. En el aréa conflictictiva de engaños visuales la artista transforma el vocabulario de formas de la historia del arte en un universo estético en el cual el observador puede experimentar al mismo tiempo la poesia física y las connotaciones culturales de la visión.

En apego a una cita de Botho Strauß: ”......no podría ser que en seguida un nuevo deseo alegórico nos cautive?...que al final una piel, un nuevo cuerpo se abovede contra nosotros..” se puede ver en la obra de Heike Ratfisch un nuevo deseo alegórico. Pero Ratfisch no solamente repite el vocabulario alegórico de los viejos maestros, sino que hace parte de una escenificación cómica tematizada varias veces y presentada en la pintura como estética, en la que se deja ver algo que podemos imaginarnos como una nueva sensualidad inspirada.

La artista que nació en 1956 en Munich, vivió durante mucho tiempo en los Estados Unidos. Desde que finalizó sus estudios de historia del arte, trabaja en Munich y en Barcelona. Heike Ratfisch no cesa de inventarse de nuevo mediante una revisión contínua de sus medios de expresión artística. En los comienzos trabajaba con medios de la abstracción –aunque en esta época domine menos la rigidez que una afinidad a colores fuertes y formas variables en su obra–, llegó así a través del collage y por fin a través de paisajes monocromos elaborados complejamente de nuevo a obras en colores vivos en pastel al óleo.

Hubert Göller

Historiador del arte M.A., escritor de la revista “Kunst-und Antiquitätenzeitung” (revista de arte y antiguedades).